¿Qué papel juega la psiquis en el éxito de un presidenciable? ¿Hay rasgos de personalidad infaltables para ganar una elección? Narcisismo, capacidad de liderazgo, inteligencia emocional y manejo de la realidad, bajo la lupa de especialistas

Por Lucrecia Bullrich

 

Conocemos sus gestos, sus tonos de voz, sus muletillas, sus típicas respuestas. Hasta sus tics. Protagonistas de campañas electorales cada vez más largas y en tiempos de hipercomunicación mediática, los candidatos llegan a convertirse en personajes cotidianos, repetidos, vistos y oídos hasta el cansancio.

Pero, más allá de la hipervisibilidad, ¿cómo funciona la cabeza de un presidenciable? ¿Cómo resuelve los dilemas que le presenta su psiquis? ¿Cómo juega la psicología en la carrera por la presidencia? ¿Hay rasgos de carácter comunes a quienes aspiran a la cúspide del poder?

«Todos tienen lo que se llama locus de control interno: están convencidos de que pueden incidir en el desarrollo de los acontecimientos», apunta Orlando D’Adamo, experto en comunicación política y profesor de psicología política de la UBA.

El psicólogo Diego Sehinkman aporta otra característica psicológica común a los candidatos, más allá de sus perfiles de personalidad, tan dispares como particulares (ver aparte). «Todos creen que tienen el don del liderazgo. Pero, sobre todo, todos tienen egos con buenos tamaños. Se perciben a sí mismos como «distintos»», afirma. Para Sehinkman, si así no fuera, no podrían encarar un desafío cuyo fin último es nada más y nada menos que el poder. «Si no te autopercibís como alguien distinto, no podés emprender un camino que está lleno de violencia y de críticas», reflexiona. Enseguida, alude a la herramienta psíquica que los habilita para recorrer ese camino. «El mecanismo que les permite seguir pese a las críticas y la desaprobación es el estar convencidos de que, tarde o temprano, la gente va a entender que lo que están haciendo es lo que hay que hacer. Por eso manejan muy bajos niveles de autocrítica.»

D’Adamo agrega: «Tienen una capacidad particular para manipular a los demás en el sentido más light de la palabra». Alude, además, al «narcisismo elevado» como condición necesaria de la personalidad del político de grandes ligas. «Es lo que los lleva a tener la sensación, y llegar a percibirla como real, de que están más allá del bien y del mal. Esto se intensifica cuando llegan al poder: se convencen de que las cosas no pueden salirles mal. Por eso mismo, son difíciles de asesorar y poco proclives a escuchar a quienes los contradicen», analiza.

El especialista cierra el panorama con un último atributo «muy demandado» en estos tiempos. «Alto nivel de inteligencia emocional», enuncia. Y explica: «El candidato tiene que poder establecer empatía con sus seguidores, pero, sobre todo, tener buen manejo de sus emociones y su vida personal. No puede permitir que intervengan en su desempeño».

¿Por qué todos los candidatos se autoproclaman «el próximo presidente» con igual convicción y sin sonrojarse aunque las encuestas los muestren en el fondo de la tabla? ¿ Son negadores seriales de la realidad?

Para D’Adamo, esa conducta se entiende fácil. «No responde a un rasgo de personalidad. Si el candidato no dice «Voy a ganar», no lo votan. Es una táctica de comunicación de campaña», dice.

Según Sehinkman, esa tendencia tiene una lectura psicológica. «Hay una suerte de distorsión de la autoimagen. En algunos casos hay anorexia política: hay políticos que se miran al espejo y se ven políticamente voluminosos aunque no lo sean», compara.

Manuel Mora y Araujo, que además de consultor es especialista en coaching político, cree que el éxito no tiene tanto que ver con la personalidad del candidato, sino con «lo que el candidato muestra». «Es clave que sea consistente con lo que el electorado piensa y espera de él. Si pretende ser lo que no es, la gente le pierde confianza y eso es letal», asegura.

 

LA PERSONALIDAD DE LOS QUE ESTÁN EN CARRERA

Los perfiles de los candidatos, según el psicólogo Diego Sehinkman

1 Sergio Massa – Candidato FR

Es muy estratégico en qué entrevistas quiere dar, cuáles no; tiene bien claro qué quiere comunicar y qué prefiere obviar. Eso muestra un fuerte rasgo controlador. Debe ser uno de los candidatos con mayores habilidades sociales. Muy carismático, con mucho oficio de político, seguramente también con mucho media training. Si existiera una entrevista laboral para contratar un presidente, deberíamos tomarle algunos tests de control emocional. Todavía no sabemos cómo actuaría en situaciones de crisis o de alta temperatura y presión. Si bien está hace mucho en política, en algunos planos todavía se lo conoce poco.

2 Daniel Scioli – Candidato FPV

Tiene la mentalidad de un deportista de alto rendimiento. Poca locuacidad -no es un gran orador- y mucho control emocional. Uno le puede subir el fuego, y la pava de Scioli no silba nunca. Frente a enormes presiones e incluso descalificaciones, siempre se mantuvo en silencio. Nunca escala el conflicto verbal. Ahora, ¿cómo es decodificado eso por la gente? Seguramente, por muchos, como muestra de equilibrio, y por otros, como docilidad. Entonces, la pregunta válida con Scioli es: ¿dónde termina el estoico y empieza el sumiso? Exhibe, creo que genuinamente, su accidente como muestra de resiliencia.

3 Mauricio Macri – Candidato PRO

Hay dos dimensiones: la del ser y la del tener. Macri ya tenía, de familia. Se propuso ser. Construir una identidad propia más allá de la enorme figura del padre. Esa identidad la construye primero con Boca y luego con la política. El vínculo complicado con el padre lo obliga a irse de los negocios familiares a buscar su propio destino. ¿Recuerdan aquel eslogan de Pro que decía «Juntos venimos bien»? Si Macri hubiera podido decir eso cuando estaba en Socma con su papá, nunca se habría dedicado a la política. No es poco mérito haber buscado un camino propio y haberlo encontrado. Fundó un partido político, tarea nada fácil en la Argentina.

4 Hermes Binner – Candidato FAU

Más allá de las palabras, hay que estar atento a su microgestualidad, porque dice mucho: levanta una ceja, le da un pequeño golpe a la mesa con los nudillos, tuerce apenas la cabeza. Muchas veces eso cuenta más que las palabras. La naturalidad para él es un valor. Carga con una idea instalada en el inconsciente colectivo a partir de De la Rúa. El año 2001 creó un reflejo casi pavloviano en la gente: cuando escucha a un líder que no sube la voz ni golpea la mesa, lo asocia con un débil. El desafío para Binner es demostrar que se puede cortar ese cable mental que, en muchos argentinos, asocia al moderado con el frágil.

5 Julio Cobos – Candidato FAU

Se autopercibe con capacidad de ser «el gran pacificador». Él mismo cuenta que, cuando Kirchner lo llamó para ser el vice de Cristina, tenía la fantasía de ser el Balbín de Kirchner, alguien que iba a ayudar a la unidad nacional. Pudo sobreponerse a las acusaciones de doble traición: de la UCR cuando aceptó ser vicepresidente y del kirchnerismo con el «no positivo» a la 125. Eso demuestra que es capaz de soportar niveles de presión altísimos. Es un pescador más en la pecera de los moderados. Vende simplicidad. Tiene la metodicidad del ingeniero. Queda la pregunta de si es capaz de seducir al electorado.

6 Elisa Carrió – Candidata FAU

Tiene condiciones que para un tipo de liderazgo son atractivas: histrionismo, agudeza y capacidad de seducción. Lo que está por verse es si puede construir un liderazgo desde la gestión. Hay personas que por su agudeza terminan siendo autocentradas. Se perciben como tan capaces que no creen que otro pueda hacer las cosas tan bien como ellos. Son incapaces de delegar. Carrió aspira a un nivel de moralidad que no existe en la realidad y, en cuanto ocurre algo que no es como tiene que ser, aparece la frustración: abandona o es abandonada. Tiene rasgos narcisistas y dificultades para tolerar la imperfección.

 

FUENTE: www.lanacion.com.ar